BLOG

El cuerpo grita cuando las emociones callan

On June 20, 2011, in Salud, by saludality
0

Nuestra sociedad, orientada al disfrute inmediato de las cosas, tiende a evitar el dolor y las emociones llamadas “negativas”, ocultándolas hasta el punto de anestesiarnos e insensibilizarnos. Conocer lo que se esconde detrás del dolor y de las emociones, puede llevarnos a un punto de evolución aún no imaginado.

El término emoción proviene del latín y significa “el impulso que induce a la acción”. Nuestras emociones (las básicas son alegría, tristeza, ira, sorpresa, miedo y asco) son estados afectivos con una función adaptativa. Es decir, las emociones son nuestro motor más elemental para funcionar en el mundo.

Las emociones nos dan mucha información. Y para ello han de ser expresadas e interpretadas. Cuando no lo hacemos, se genera una carga acumulable en una especie de “depósito interno”. Si no gestionamos esas cargas, el depósito se llena y al desbordarse, el cuerpo acude a otras formas de expresión: estrés, angustia, dolores, fobias, alergias,…

Existen tres formas de canalizar las emociones:

1. Amortiguadores emocionales. Buscar una comportamiento que “apacigüe” esa emoción

2. Expresión. El desahogo de esa emoción. Compartirlo. Expulsarlo.

3. Tomar conciencia.

¿Cómo tomo conciencia?

Las emociones no funcionan solas sino que se asocian a pensamientos, a creencias que tenemos sobre algo o alguien. De la suma de esa emociones y ese pensamientos obtenemos sentimientos. Estos pueden ser, entre otros, de victimismo, resentimiento y culpa.

Por ejemplo: la emoción miedo, asociada a la creencia “todos los hombres son igual de violentos”, puede generar un sentimiento en la mujer de rechazo hacia el género masculino, o una excesiva necesidad de complacer para no sufrir esa supuesta violencia. El problema es no ser consciente de que esa creencia es una construcción que nuestra mente ha hecho en el pasado y que está determinando nuestro comportamiento.

Esos sentimientos a veces son sustituidos por reacciones físicas. De este modo, una carga emocional intensa puede “anclarse” de modo físico: enfermedades, contracturas, ronchas en la piel, caída del cabello, taquicardias,… Es lo que denominamos reacciones psicosomáticas.

Esto da pie para hablar de la base emocional de la mayoría de las fobias y alergias, cuyas causas no termina de explicar la medicina tradicional. Por ejemplo: una niña está comiendo aceitunas mientras sus padres comienzan a discutir de manera muy agresiva. Esa niña genera una carga emocional que no sabe canalizar ni expresar en ese momento. Su mente, como medio de escapar de esa emoción, la conecta con el hecho de comer aceitunas, generando de este modo una posible alergia a las aceitunas. Otro ejemplo: una mujer sufre broncoespasmos al oler humo. Una experiencia del pasado en la que sufrió una gran tristeza coincide con el hecho de que varias personas estuvieran fumando, conectando su tristeza con una fobia al humo.

El mundo actual nos pide que lo miremos desde otro punto de vista. Las emociones forman parte de nuestro cuerpo y cuando no las escuchamos el cuerpo grita. Mediante técnicas de PNL y de coaching podemos conocer esas emociones y desmontar esas creencias que nos limitan, mejorando nuestra salud.

Date permiso para pensar en una enfermedad, un dolor, una fobia o una alergia propias o de alguien cercano y que te preguntes qué te está diciendo, qué emociones descubres detrás, qué pensamientos o creencias están asociados a esas emociones. Mira un poquito hacia atrás. ¿Has descubierto algo?

Share this:
Share this page via Email Share this page via Stumble Upon Share this page via Digg this Share this page via Facebook Share this page via Twitter
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Tagged with:
 

Leave a Reply