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2ª parte: el proceso del cambio

Continuando con la 1ª parte del artículo, en que hacíamos referencia a un modelo de vida basado en el Ganar-Ganar, como medio para alcanzar una mayor felicidad, me gustaría hablaros de lo que para mí supone la clave. Se trata de algo tan elemental como CAMBIAR. Es decir, como decía A. Einstein “si quieres conseguir algo distinto, debes hacer algo distinto”… debes cambiar algo. Esto me lleva a, continuando con el juego de las fórmulas planteado en el título del artículo, a proponeros una, si me permitís, que da como resultado ese cambio. El proceso no es sencillo:

C = H (I+V+F) > CC

es decir:

Cambio o situación nueva a conseguir = Historia Personal (grado de Insatisfacción + Voluntad de cambio + Facilidad para integrar el cambio) > Coste de Cambio

H: historia personal. Sobre todo cuando somos niños, se instauran en nuestro interior una serie de creencias que van a condicionar nuestra forma de vivir y cómo realizamos los cambios. Detectar esas creencias para potenciar las que nos ayudan y desmontar las que nos limitan, es crucial.

I: grado de insatisfacción. El nivel de insatisfacción es como el termostato que me indica la necesidad de cambio. Tomar conciencia de esa insatisfacción es necesario para, posteriormente querer realizar un cambio. Todo lo que hacemos, hasta lo que nos ha producido insatisfacción, tiene una función. Comprender esos comportamientos y su función es el paso previo antes de desprendernos de ellos.

V: voluntad de cambio. Es el interruptor que poner en marcha el proceso de cambio. Conviene tomar conciencia de cuál es mi actitud ante el cambio y valorar con qué grado de determinación lo afronto. Hay que tener en cambio que la fuerza de voluntad, si bien impulsa para comenzar el proceso de cambio, no es suficiente, ya que esta se agota y debe ser sustituida por una verdadera motivación.

F: facilidad para integrar el cambio. Esto implica la autopercepción de nuestros recursos ante una nueva situación. Cuanto más creamos en nuestros propios recursos, más fácil será propiciar el cambio. Por otor lado, cuando realizamos un cambio debemos valorar cómo va a cambiar nuestra vida y la de los que nos rodean, estudiando posibles contras a ese cambio.

Para realizar un cambio, el primer paso será tomar conciencia de dónde estamos y saber dónde queremos llegar. Es decir, para cambiar, lo primero que debemos decidir es qué cambiar, para así concretar cuál es la magnitud del cambio y cuál es nuestra fuerza o capacidad para afrontarlo. Esta fuerza está influenciada por nuestro autoconcepto (creencias, sobre nosotros mismos).

Uno de los problemas ante el cambio es el saber por dónde poder empezar, esto puede desembocar en un estado de inactividad, lo que genera desmotivación o inseguridad. Sólo la actividad es capaz de romper este ciclo. Y para generarla, un buen motor son los puntos fuertes que hemos detectado en nosotros, nuestras cualidades, lo mejor de nosotros que hará que el cambio pase de ser un sueño a ser realidad.

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