BLOG

Si queréis perder peso a toda costa, por encima de todo, y a cualquier precio, se puede conseguir. Es fácil. Internet y las consultas están pobladas de dietas para ello. Sacrifícate un poquito durante un tiempo y, en unas semanas, te habrás desecho de lo que te sobra. ¡Fuera kilos de más! La repercusión interna que eso pueda conllevar no existe, ¡porque como no se ve! Nadie ve su hígado, su riñón, su páncreas o su intestino. Si los viera…

Nuestra genética, y con ella nuestro metabolismo (nuestro “todo” de manera integral) está diseñada para comer productos frescos y hacer ejercicio diario.

En una sociedad en la que desde críos hemos sido bombardeados con multitud de productos sabrosos y apetecibles, que además se han encargado de potenciar a nivel publicitario para convencernos de que son sanos,  es muy difícil no sucumbir ante tales manjares en pos de una salud de hierro que, a base de frutas y verduras, y carnes y pescados, nos eximiría de pasar por el centro de salud (o al menos, de visitarlo muy de vez en cuando), y nos daría una esbeltez física digna de admiración. Es más sencillo dejarse conquistar por los placeres terrenales, atraídos por sabores y olores increíbles; tanto, como la toxicidad de sus componentes y el daño irreparable a nuestro organismo.

Sin tener en cuenta esto, ingerimos grasas saturadas de procedencia animal o vegetal, azúcares añadidos que no somos capaces de utilizar como fuente de energía (y se almacenan en forma de grasa, con trabajo “extra” para hígado y riñones) y calorías por encima de las necesarias con el desequilibrio energético correspondiente.

La preocupación no adquiere grandes proporciones cuando entendemos que tras estas ingestas desmedidas, periodos de dieta relativamente cortos a base de volver a desestabilizar más si cabe a nuestro metabolismo (volverle completamente loco, cerebro incluído) con cero hidratos, sólo proteínas, sin grasa, o a base de ¡bocadillos! (como alguna dieta proclama) volveremos a perder lo ganado. Eso sí, el daño interno es tan grande que sólo el hecho de no verlo nos hace vivir tranquilos; hasta que salta alguna alarma (dolores lumbares, espasmos, molestias que nunca antes dieron señales de vida, enfermedades…).

Si uno quiere tener ¡siempre! el peso ideal, no hay que pasar hambre: basta con llenar tu nevera de frutas y verduras (frescas), carnes y pescados magros y con grasas buenas (respectivamente), mariscos y moluscos, y frutos secos, así como beber mucha agua y hacer todos los días una “horita” de ejercicio.

Si seguimos estas pautas, no habrá ningún problema para, de vez en cuando, disfrutar de estos “tóxicos” placeres culinarios de los que nos hace partícipes la civilización moderna sin perjudicar a nuestra salud.

Porque como decía el título de este artículo, vuestro cuerpo no dejará de incordiaros hasta que no le tratéis como se merece. Cuidadlo, no os ensañéis con él, o no tendrá ninguna piedad, y no habrá paz para los malvados.

David Dóniga

Miembro Colaborador

Saludality Health&Coaching

Share this:
Share this page via Email Share this page via Stumble Upon Share this page via Digg this Share this page via Facebook Share this page via Twitter
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Tagged with:
 

Leave a Reply