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A nadie le es extraño ya que el rendimiento de un empleado está muy relacionado con su estado de salud. Así mismo, conocemos que enfermedades como el estrés y las lesiones musculoesqueléticas, y el amplio espectro de consecuencias derivadas, son las principales causas de absentismo laboral y del presentismo, agudizado por causa de la crisis. Uno de los resultados más evidentes es la pérdida anual de millones de euros en las empresas españolas y de una merma competitiva respecto a las empresas que previenen o tratan los aspectos de salud de sus empleados. No voy a aportar datos, no es ese el problema.

Siendo conscientes de este hecho, ¿cuál es la razón por la que las empresas no apuestan decididamente por la implementación de programas de salud? Existen algunas respuestas que el lector honesto seguro que podrá corroborar o incluso ampliar:

– Sigue existiendo una “cultura del látigo” entre muchos directivos, que no han conseguido adoptar los 5 puntos en común de las empresas más competitivas de nuestro país: confianza y comunicación bidireccional con los jefes, respeto por las necesidades del empleado, trato justo en cuanto a oportunidades y reconocimiento, promoción del sentimiento de pertenencia, creación de espíritu de equipo y no de competitividad interna. Un programas de salud corporativa, puede promover todas estas actitudes.

– No existe una desarrollada cultura de salud y deportiva. La salud dejó de considerarse hace tiempo como una mera ausencia de enfermedad. Actualmente existe una concepción más holística que contempla la salud en 5 dimensiones: física, mental, emocional, social y espiritual. El fomento de la salud puede y debe abordar estas 5 dimensiones. España sigue siendo, aunque pensemos que no, uno de los países europeos donde menos ejercicio y deporte se practica y menos conciencia de la salud tenemos.

– Existen dudas sobre la efectividad de un programa de salud. Fruto en parte del anterior punto, las empresas no están convencidas de que una inversión en la salud de sus empleados les reportará un retorno realmente importante en el corto, medio y largo plazo. Los datos hace mucho que desmienten este aspecto.

– Mentalidad cortoplacista. No existe una verdadera preocupación por lo que ocurrirá más allá de 4 ó 5 años por lo que las decisiones de inversión en salud se aplazan constantemente. Es más importante que el trabajador lo de todo en 2 ó 3 años, y quizás cuando se queme pueda ser sustituido por otro. Permítanme que denomine a esto Procrastinación Empresarial en la Salud.

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One Response to Razones para no apostar por un Programa de Salud Corporativa

  1. […] con el post de la semana pasada referente a los factores limitantes de la implementación de un programa de Salud Corporativa en nuestro país, me gustaría hablar de, […]

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